El vino ha evolucionado como parte de la vida, la cultura y la dieta desde tiempos inmemoriales
Como símbolo cultural perdurable de la buena vida, el papel del vino ha ido desarrollándose con el tiempo pasando de ser una vital fuente de nutrición a un complemento cultural de la comida y de la convivencia saludables.
El arte de la viticultura y la elaboración del vino también lo han hecho. Sin embargo, en este largo camino una cosa permanece sin cambios y nunca ha sido descuidada: la asociación del vino con la gastronomía, la historia, la tradición, el origen, y los productos de calidad que incitan al consumo moderado.
El sector vitivinícola ofrece un producto natural, y las innovaciones tecnológicas han proporcionado una mejor higiene y control del proceso de producción, contribuyendo a la producción de vinos adaptados al paladar de los consumidores contemporáneos.
Lamentablemente, hoy, en contraste con la cultura inherente del vino, muchos países experimentan tendencias relativas al uso indebido del alcohol, relacionadas con su consumo excesivo en niveles socioeconómicos y rangos etarios particulares, con importantes implicaciones sanitarias, jurídicas, económicas y sociales.
Reconociendo los peligros para la salud y las consecuencias sociales y económicas negativas que pueden derivarse del mal uso de las bebidas alcohólicas, la cultura del vino debe incluir un compromiso apostando a que el consumo responsable y moderado es beneficioso para la salud.
En tal sentido, este año en Logroño (España), se reunirán los mejores especialistas del mundo en vino y en salud durante el «Congreso Internacional Wine and Health 2017», a desarrollarse en el Palacio de Congresos y Auditorio de La Rioja – Riojaforum, el 16 y 17 de febrero.

Los beneficios del consumo moderado del vino
El diario español ABC ya mencionaba diez de sus provechosas cualidades hace algunos años:
- Aliado contra la grasa.
- Combate las bacterias bucales.
- Mejora de la función cognitiva.
- Es un complemento placentero.
- Es un ejercicio embotellado.
- Limpia el paladar.
- Reduce riesgo de cáncer.
- Es un (súper) aliado del corazón.
- Cuida la próstata.
- Favorece los hábitos saludables.
Pero en este contexto, cabe mencionar que gran parte del mundo las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte representando hasta el 50%. Además, estudios científicos muestran que el consumo de cantidades moderadas de bebidas alcohólicas reduce la mortalidad por enfermedad coronaria, así como de otras causas en un 25 a 30% en personas de mediana edad, principalmente en hombres mayores de 40 años y en mujeres posmenopáusicas.
Los bebedores moderados de vino tienen una tasa de mortalidad más baja que aquellos que se abstienen o beben mucho. El consumo prudente reduce el riesgo de sufrir infarto de miocardio o accidentes vasculares cerebrales tanto en hombres y mujeres, comparado con los abstemios. Estos efectos se atribuyen a una acción protectora sobre la hipertensión, diabetes, obesidad, perfil lipídico y sistema de coagulación.
La ingesta de vinos blanco y tinto optimiza el metabolismo de la glucosa y aumenta el colesterol beneficioso o «bueno» conocido como HDL (del inglés High Density Lipoprotein) en los pacientes diabéticos. Asimismo, el resveratrol que contiene se asocia a mayor longevidad.
De igual forma, se concluye que reduce el riesgo de deterioro cognitivo y de demencia. La ingestión de 100 ml (media copa, aproximadamente) de vino al día es suficiente para retrasar o impedir dicho daño en las personas de más de 65 años. No obstante, la relación entre alcohol y cáncer es una de las más debatidas, y resultados recientes sugieren que el vino podría tener un efecto diferente al de otras bebidas alcohólicas.
Además, se sabe que el alcohol del vino, los polifenoles y los otros componentes del vino tienen efectos protectores diferentes (y complementarios) sobre células, tejidos y órganos, que se asocian a cardioprotección y la reducción de la resistencia a la insulina y, con ello, del riesgo de desarrollar diabetes.
Riesgos del consumo excesivo
Si se consumen en exceso, las bebidas alcohólicas aumentan la exposición a una amplia gama de factores de riesgo. Por lo tanto, es crucial prevenir el consumo abusivo.
Cabe recordar que el mal uso de bebidas alcohólicas se asocia con una serie de enfermedades crónicas a largo plazo que reducen la calidad de vida: hipertensión, problemas cardiovasculares, cirrosis hepática, dependencia del alcohol, diversas formas de cáncer, daños cerebrales y otros problemas que podrían tornarse irreversibles.
¿Y cuánto se debería tomar?
En el caso de los hombres se recomienda dos copas de vino; en el de las mujeres, una. Ello está avalado por razones metabólicas.
También se habla de la importancia de divulgar estudios científicos sobre alimentación saludable para concientizar al ciudadano acerca de la responsabilidad que tiene sobre el cuidado de su propia salud.
En este sentido, es necesario tener en cuenta que de todos los factores determinantes de nuestra salud, el que mayor peso tiene, con un 43% es el estilo de vida, mientras que la biología supone un 27%, el medio ambiente un 19% y el sistema sanitario un 11%.
«Que tu alimento sea tu medicamento»
Hipócrates (Isla de Cos, Grecia, 460 – 370 A.C.)


